Cinco sabores, un equilibrio
Ep. 01

Cinco sabores, un equilibrio

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¿Por qué la comida tailandesa sabe como sabe? En este primer episodio hablamos del equilibrio entre los cinco sabores —dulce, agrio, salado, umami y picante— que define toda la cocina tailandesa. Con la ayuda de Chat, chef tailandés y mi marido, descubrimos por qué el nam pla es el garum de nuestros días, por qué el dulzor no busca empalagar, y por qué el picante es carácter, no castigo. El primer paso para entender cómo cocina de verdad Tailandia.

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¿Los españoles son los que mejor comen o los hay mejor?

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¿Francés, estos italianos que has visto tanto mundo?

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Yo, el primero que más comen son los tailandeses.

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¿Tailandeses?

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Por porción, por habitante cuadrado,

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no por habitante tal, los tailandeses.

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Eso lo dijo Ferran Adería.

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Y en este episodio vamos a intentar entender por qué tiene razón.

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Bienvenido, bienvenida a Thai Zap Zap.

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Soy Daniel.

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Hoy no empezamos con una receta.

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Empezamos por la pregunta que todo cocinero se hace antes de encender el fuego.

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¿Por qué sabe así?

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Durante los últimos meses ha seguido nuestras aventuras en YouTube.

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Bueno, incluso diría años.

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Hemos contado historias sobre comida, cultura y vida tailandesa junto a Chad.

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es mi marido y además es chef profesional. Este podcast no sustituye al canal de YouTube,

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es un complemento. En YouTube seguimos y seguiremos con las historias y los vídeos de siempre. Aquí,

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en cambio, lo que vamos a hacer es sentarnos sin prisa para hablar de todo lo que no cabe en un

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guión de 8 o 9 minutos. Y volviendo a lo que decía Adrià, ¿por qué los tailandeses comen mejor por

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habitante? La respuesta no está en un ingrediente, está en una relación, en la relación entre los

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cinco sabores que casi nunca actúan solos, que son el dulce, el agrio, el salado, el umami y el

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picante. Pero no te los voy a explicar como si fueran entradas de un diccionario, te los voy a

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contar cómo los vivo cada día en mi cocina aquí en Suecia. Porque si vienes de la tradición culinaria

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de España o de Cataluña, donde cocinar suele parecer un protocolo de laboratorio, dos cucharas,

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15 minutos, horno a 180 grados, etcétera, etcétera, lo que ves cuando Chad enciende el fuego puede

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resultar bastante caótico. Él no usa mayoritariamente medidores, no anota tiempos. Lo que hace es probar,

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oler, ajustar, el toque de azúcar de palma, una corrección, por ejemplo, de salsa de pescado,

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el zumo de una lima recién exprimida y de repente parece que toda la combinación de todos los

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ingredientes encajan. Y ahí está el secreto. En Tailandia ningún sabor grita solo. Cada plato

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tiene una nota principal, pero siempre va acompañada por los otros cuatro que van en

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segundo plano. Es una especie de conversación constante. El picante no es un castigo, es el

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carácter que le da al plato. Chad trabaja con el bird's eye o el ojo de pájaro, que no me salía.

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Pero como aquí en Suecia a veces escasean, recurre al piripiri europeo, que es bastante parecido. Lo

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que he aprendido es que no importa la cantidad, sino más bien cómo lo combinas. El agrio no es

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un adorno, es lo que despierta el plato. La lima es esencial. El tamarindo aporta un acrio un poco

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más oscuro, perfecto, por ejemplo, para platos calientes. El lemongrass o limoncelo o las hojas

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de lima kafir dan esa acidez perfumada que reconoces al instante. El dulce no busca empalagar,

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busca calmar. El azúcar de palma es la estrella. Tiene unas notas que nos recuerdan al caramelo.

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Chad siempre repite, un plato tailandés nunca debe ser demasiado dulce, lo justo para que los

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demás respiren. Y ya el salado. El salado no viene del salero, viene de la fermentación,

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de la salsa de pescado, del nampla, que es el alma secreta. Curiosamente, los romanos ya jugaban

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con una misma lógica hace dos mil años con el garum. El nampla es, en cierto modo, el garum de

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nuestros días. No es exactamente lo mismo, pero es muy parecido. Y hablaremos en otro capítulo de lo

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que es el nam pla. Y luego ya, para terminar, el umami, que es ese sabor profundo que fácilmente

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reconoces pero que cuesta darle un nombre. En palabras de chat, es lo que hace que hasta el

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brócoli te apetezca. Se construye con camarones secos, gambas secas, pasta de gambas, setas y sí,

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también con el glutamato monosódico, ese ingrediente que en Asia se usa con mesura y

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sin el estigma que le pusimos en Occidente, que ya hablaremos en otro capítulo del glutamato.

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La clave no es que los cinco ingredientes estén presentes, sino que conversen entre sí. Y aquí

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es donde las dos líneas se tocan. La afirmación de Ferran Adrià y la rutina de Chad no son dos

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distintas. Son la misma verdad, pero vista desde dos ángulos diferentes. Cuando Chad prueba y

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ajusta, no está adivinando, está calibrando ese equilibrio que Adrià intuía. La memoria de la

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lengua no es magia, es sencillamente entrenamiento. Años de estar repitiendo, ajustando, escuchando,

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cómo reacciona cada ingrediente. No se mide en gramos porque se mide con la sabiduría acumulada

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de quien sabe cómo debe sonar un tom yum o un curry verde. La receta te da un punto de partida,

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pero el plato se termina con la intuición. La lima, por ejemplo, puede estar una más madura

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que otra. El azúcar de palma puede ser más floral o no. Y eso puede cambiar el resultado.

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Lo que hace Chad no es seguir números, es equilibrar sabores en tiempo real. No necesitas

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ser tailandés para cocinar comida tailandesa, pero sí necesitas entender cómo piensan sus

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cocineros, con sensibilidad y no con reglas fijas. La cocina tailandesa no solo se come,

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se siente. El equilibrio es difícil de copiar porque no está impreso en ningún papel. Está

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probar, de ajustar y de confiar en tu paladar cuando la receta termina. La próxima vez que

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cocines algo nuevo, no te aferres a las medidas. Prueba, ajusta, escucha las melodías del paladar,

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de los sabores. Si quieres llevar este equilibrio a tu propia cocina, Chad y yo hemos publicado un

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libro de recetas disponible en castellano, catalán e inglés. Y si quieres apoyar que este proyecto

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que siga creciendo, tienes tithepzap.com donde puedes suscribirte. Está la modalidad de fan,

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que son dos euros al mes, que te da acceso a comentarios prioritarios y nuestro agradecimiento

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por mantener esto en marcha. Luego está la modalidad sabay, que son cuatro euros, donde

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incluye todo esto más las recetas completas en texto, episodios exclusivos tanto de vídeo como

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de audio y acceso anticipado a contenidos. Todos los enlaces están en las notas de este programa.

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Pero cuidado, porque en Tailandia no todo lo que se cocina está pensado solo para el estómago.

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Si el picante es carácter y el umami es el alma, ¿qué pasa cuando esos sabores se mezclan con espíritus que no deberían estar en tu plato?

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Pues bien, en el próximo capítulo vamos a dejar los cuchillos y vamos a entrar en mitos y leyendas de Tailandia, que son, ya te digo, algunos cuentos son, la verdad, muy, muy, muy interesantes.

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